La fría realidad del transporte marítimo en el océano Ártico

A pesar del entusiasmo en torno al potencial económico del Ártico —región que alberga un tercio de las reservas mundiales no descubiertas de gas y una octava parte de las de petróleo—, la navegación comercial por el océano Ártico seguirá siendo una actividad de nicho a corto y mediano plazo. Aunque la naviera china Sea Legend anunció el primer servicio regular de contenedores entre Ningbo (China) y el Reino Unido a través de la Ruta Marítima del Norte (RMN), la cual promete reducir a la mitad los 40 días habituales de viaje entre Asia y Europa, la viabilidad del trayecto a gran escala enfrenta barreras estructurales complejas. Vincent Clerc, director ejecutivo de Maersk, señala tres grandes inconvenientes geopolíticos, ambientales y comerciales que frenan el desarrollo de esta ruta.

Por un lado, las tensiones geopolíticas y las sanciones impuestas a Rusia tras la invasión a Ucrania restringen el acceso a buques extranjeros y dejan gran parte del paso bajo control ruso, aunque despiertan el interés de China como alternativa frente a cuellos de botella estratégicos controlados por Estados Unidos. Por otro lado, la brevedad de la ventana estival de navegación —limitada a solo tres meses de verano— y la impredecibilidad del clima impiden ofrecer la regularidad de itinerarios que exigen las cadenas globales de suministro, a lo que se suman los elevados costos de los buques rompehielos, los cuales pueden neutralizar el ahorro de combustible. Debido a estas limitaciones, esta vía competiría en el corto plazo únicamente con el transporte por ferrocarril entre Asia y Europa, pero no con las grandes rutas marítimas de portacontenedores a través de Suez o el estrecho de Malaca.


Fuente: Diario Gestión, pág. 22, 18 de agosto del 2026.